LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL:

MASCULINIDAD Y REPRESENTACIÓN EN “LADY ÓSCAR”

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NOTA: El origen de muchas de las ideas vertidas en el presente artículo se encuentra en diversos mensajes enviados por la autora al mailing list de El Palacio Berubara http://espanol.groups.yahoo.com/group/el_palacio_berubara/ durante los meses de octubre y noviembre del 2005. El presente artículo además amplía el estudio de la Bildungsroman como género y su relación con el anime Lady Óscar.

 

UNO

Uno de los aspectos más interesantes del anime[1] Lady Óscar (LO)[2] es la evolución personal que experimenta su protagonista, Óscar François de Jarjayes, a lo largo de sus cuarenta episodios. Dicha evolución, sin embargo, no se entendería sin la interacción de la misma con otros personajes, en particular, los masculinos. El contacto con estos personajes influye profundamente en la personalidad y comportamiento de Óscar, ya que cada uno de ellos representa, como expondré más adelante, un determinado estadio en la vida de la protagonista. Aunque en LO existen varios personajes masculinos, mi artículo se centrará principalmente en tres: el general de Jarjayes, padre de Óscar; el conde Hans Axel von Fersen, amante de la reina María Antonieta; y André Grandier, amigo y confidente de la protagonista.

 

He escogido interpretar LO como si se tratara de una Bildungsroman o novela de aprendizaje[3]; pues ésta tiene por característica principal evidenciar el desarrollo interno de un personaje que se vuelve punto central del argumento como ocurre en el anime. La Bildungsroman, como género, tiene su origen en la Alemania del siglo XVIII. El vocablo germano está conformado por dos palabras: Bildung y Roman. Una de las acepciones de la primera puede traducirse como “formation” (Buckley 4), es decir, ‘formación’[4]. Por su parte, la segunda palabra, Roman significa simplemente, “novela.”

 

La noción de aprendizaje está estrechamente vinculada a la Bildungsroman. Ésta proviene de la novela de Goethe Wilhelm Meisters Lehrjahre (1795-1796), primera obra del género. El término alemán Lehrjahre significa “apprenticeship” (Buckley 10) o ‘aprendizaje’ y se utiliza para designar el proceso mediante el cual el protagonista de una novela de este género se desarrolla como individuo y alcanza la madurez. Dicho proceso suele ser arduo y no desprovisto de dificultades. El conflicto central de toda novela de aprendizaje es la búsqueda de la identidad, a cuya resolución deberá abocarse el protagonista.

 

En Lady Óscar la narración transcurre de manera lineal y abarca treinta y cuatro años de la vida de Óscar François de Jarjayes, desde su nacimiento hasta su madurez, enfatizando acontecimientos importantes que corresponden a cada etapa de la misma. Me es posible establecer un vínculo entre esta historia y el género anteriormente expuesto, ya que la línea argumentativa central de LO consiste justamente en el desarrollo de la protagonista a través de un gradual proceso de aprendizaje en el cual está inmersa. En ese sentido, la evolución de Óscar culmina con su madurez física, moral y emocional, tras la cual ella logra finalmente su autoaceptación como individuo.

He escogido evidenciar este proceso de aprendizaje mediante un análisis del universo afectivo de Óscar. En él, la protagonista toma contacto con tres modelos de masculinidad diferentes representados por su padre, el conde Fersen y André Grandier. Son ellos quienes alternativamente configuran, confrontan y redefinen la identidad de Óscar -el conflicto central de la historia- y cuya resolución será la de asumir plenamente su condición femenina.

 

DOS

Indiscutiblemente, una de las influencias más importantes en la vida de Óscar es la ejercida por su padre, el general de Jarjayes. Él es un hombre dominante, de rasgos autoritarios e inclusive violento en su comportamiento hacia Óscar, aunque no carente de afecto hacia su hija menor. Como cabeza de la noble familia de Jarjayes, el padre de Óscar ha visto contrariado su deseo de tener un heredero varón que continúe con el apellido y la tradición militar del clan familiar. La historia de Óscar se inicia con la figura de un general de Jarjayes expectante por la llegada de su nuevo vástago. Al saber que es una niña, toma la decisión que marcará la vida de Óscar para siempre: su hija será considerada como un varón. El impacto de la imposición paterna impacta profundamente en la psicología de Óscar. Aunque el espectador nunca presencia la crianza de Óscar durante sus primeros años, se asume que el general fue sumamente severo con ella[5], al punto que el modelo de masculinidad impuesto por él será llevado al extremo en el caso de Óscar. Su padre no sólo la adiestra en las artes militares y la introduce en las tareas propias de un heredero; sino que buscando eliminar cualquier atisbo de sensibilidad femenina, la trata con brutalidad. Existen varios ejemplos al respecto. En el primer episodio Óscar le anuncia que no desea pertenecer a la Guardia Real y la respuesta paterna será la de abofetearla y hacerla rodar por las escaleras. En el capítulo catorce Óscar regresa de Arras y desea informarle sobre la situación de sus siervos, a lo que el general responde nuevamente con un trato brutal. La violencia hacia su hija alcanza su punto más dramático en el capítulo treinta y cinco, cuando el general decide ajusticiar a Óscar con sus propias manos por haber desobedecido órdenes, episodio al cual me remitiré más adelante.

 

Sin embargo, la falta de muestras de afecto es reemplazada por el orgullo que le producen al general las habilidades masculinas de su hija, tales como la esgrima (como ocurre en el primer capítulo antes del duelo con Gerodere) o el tiro al blanco (como sucede en el episodio doce, cuando la protagonista se prepara para batirse en duelo). Por otro lado, el noble militar también se preocupa cuando su hija es malherida. En el capítulo ocho, el general de Jarjayes corre al lecho de Óscar al saberla en peligro de muerte tras el incidente con el caballo de María Antonieta; e igualmente se muestra angustiado por la salud de su hija tras la emboscada por los sicarios de madame de Polignac en el capítulo dieciocho. Óscar, por su parte, corresponde al afecto paterno y a pesar de la dureza de su trato, lo ama profundamente. En el capitulo veintinueve, la protagonista llora por su padre herido tras el atentado terrorista de Saint Just; e inclusive cuando decide abandonar definitivamente la casa paterna, Óscar le envía una nota agradeciéndole todo lo que ha hecho por ella[6].

 

Un elemento final que me gustaría analizar de la relación entre el general de Jarjayes y su hija es el vinculado a los dos episodios (veintinueve y treinta) en que se arrepiente por el trato dado a Óscar durante todos esos años. No hay una explicación clara de este cambio de actitud; el cual se expresa en la voluntad de desposar a su hija, de manera tal que ella -aun tardíamente- pueda vivir su feminidad. Es particularmente conmovedor el diálogo que se produce entre padre e hija en el capitulo treinta, cuando Óscar le confiesa a su progenitor que gracias a la fortaleza de su educación masculina ella ha podido superar una decepción amorosa en su vida, a lo que el general rompe a llorar. Sin embargo, pese a las buenas intenciones de éste, nuevamente la decisión de casarla -con Gerodere u otro pretendiente- continúa siendo una imposición. La voluntad de deshacer por segunda vez la trama de la vida de la protagonista entraña un profundo egoísmo porque el general quiere verla feliz, pero a su manera y bajo sus condiciones, sin permitirle hacer sus propias elecciones. El general de Jarjayes es un padre que ama a su hija, pero siempre desde el autoritarismo y la verticalidad; la represión y el dominio. El general de Jarjayes representa la vida a la sombra de un padre terrible. El primer modelo de masculinidad de la protagonista ha quedado configurado, pero pronto éste empezará a resquebrajarse.

 

TRES

Una manera de enfocar las complejas relaciones interpersonales en Lady Óscar es a través de la presencia de diversos triángulos en cuyo vértice se encuentra la protagonista. En particular, me interesa el conformado por Óscar, Fersen y María Antonieta, ya que su análisis me servirá para evidenciar la manera cómo es inicialmente confrontada la identidad de la protagonista; así como las actitudes que ella asume al intentar resolver este conflicto.

 

De primera impresión Fersen podría ser considerado como el galán de la historia. Todo en él apunta hacia ello: su belleza física, su noble alcurnia, sus acciones guerreras, incluso el hálito Sturm und Drang[7] de su pasión por María Antonieta únicamente lo hace más romántico. El rasgo que más destaca del conde es su caballerosidad: no sólo rescata a Óscar y a André en más de una oportunidad; sino que también combate por la Independencia Norteamericana; y posteriormente organiza la fuga de la familia real. Sin embargo, yo planteo que el amor de Óscar por Fersen es sólo una prolongada ilusión; ella lo ama porque Fersen representa el ideal masculino que su sociedad le impone e incluso no sería aventurado plantear que la protagonista admira sus cualidades porque son las que espera encontrar en sí misma. Óscar lo ama desde la cabeza y no desde el corazón.

 

Sin embargo, el enamoramiento de Fersen cumple una función clave en la historia que es la de confrontar a Óscar conscientemente con su feminidad. Así, por ejemplo, hay que recordar que el interés de Óscar por el sueco se inicia en el octavo episodio como admiración hacia el gesto de Fersen cuando ofrece su vida a cambio de la de André, y no estrictamente hacia su persona; ya que poco antes ella le manifestaba cierta desconfianza por su cercanía hacia la reina. Su progresivo enamoramiento del apuesto conde le hace descubrir aspectos hasta entonces insospechados de su naturaleza femenina: amor y pasión pero también celos e impotencia. El episodio veinte es especialmente importante para mostrar este proceso: Fersen, conocedor de los peligros que entraña su relación con María Antonieta, decide partir hacia América. Previamente en el mismo capítulo, Óscar reconoce en un monólogo interior que pese a su amistad con la reina, ella está celosa de su relación con el sueco. La partida del conde la sume en una profunda melancolía de la que no se recuperará hasta su regreso años después. El episodio veinticinco constituye el punto culminante de su pasión por Fersen en la escena del baile. Óscar se aparece de incógnito en un bello vestido, causando admiración a su paso. Ella incita al conde casi con coquetería y danzan juntos, pero finalmente huye cuando él hace el gesto de reconocerla. La impresión que me da como espectadora es que Óscar busca ser admirada en su belleza de mujer (no creo que ignore que es hermosa)[8] como lo hace Fersen con la reina; pero hasta ese momento ella es aún un personaje inmaduro que le rehúye a cualquier posibilidad de intimidad.

 

La explicación que encuentro para dicho comportamiento es que Óscar en una primera etapa vive su feminidad a través de la reina[9]. Yo observo varias coincidencias entre ambos personajes femeninos que deben ser analizadas con mayor detenimiento. Tanto Óscar como la reina tienen la misma edad, el mismo origen aristocrático y hacen su ingreso al mundo y las intrigas de la corte de Versalles al mismo tiempo. Un hecho significativo es que ambas comparten el mismo tipo físico (rubias de ojos azules) considerado como el ideal de su época; aunque María Antonieta constituya en su belleza, actitudes e interacción con su mundo social la exacerbación de lo femenino, mientras que en Óscar ocurre todo lo contrario. El espectador podría especular si la apasionada amistad de la Jarjayes hacia la reina no está en el fondo teñida de una fuerte admiración y quizás hasta de secreta envidia, tanto hacia la ensalzada feminidad de María Antonieta, así como hacia la pasión amorosa que sienten ésta y el sueco y que Óscar está vedada de experimentar. En conclusión, yo postularía que en esta relación triangular Óscar experimenta un efecto narciso hacia la pareja conformada por Fersen y la reina: la protagonista los contempla fascinada porque cada uno respectivamente representa atributos que ella desearía para sí. Este ensimismamiento, sin embargo, no durará demasiado. Óscar deberá seguir evolucionado y este proceso sólo podrá ser llevado a cabo a través de un tercer modelo de masculinidad.

 

CUATRO

Pero siguiendo la lógica de la novela de aprendizaje es André y no Fersen quien representa el estadio final de la evolución de Óscar. No deja de ser paradójico que sea justamente el personaje con menos atributos ideales quien opere este cambio. En un relato plagado de espadachines diestros y duelistas feroces, el caballerizo de Óscar marcha definitivamente a contracorriente, porque la suya es la épica del corazón.

 

André Grandier es el valet de Óscar y un criado en la mansión de los de Jarjayes; aunque es más que un mero sirviente, pues paralelamente a sus tareas como tal, acompaña permanentemente a Óscar en misiones militares, al tiempo que realiza labores de inteligencia en Versalles[10]. Nieto de la nodriza de Óscar, él llega siendo un niño huérfano a la mansión y rápidamente se convierte en su compañero y confidente. También está dotado de belleza física (que se ve algo mermada después de la pérdida de un ojo), aunque su tipo mediterráneo contrasta abiertamente con el de otros personajes como Fersen o Gerodere[11].

 

El profundo afecto que lo une a Óscar se señala desde el primer episodio cuando al final de la pelea junto al lago, toma su mano. Asimismo, en el capítulo ocho, el espectador percibe la desazón de André ante lo que él considera un alejamiento de su amiga de infancia. En el episodio doce, en un monólogo en el bosque de Arras, el joven valet afirma que “esa es la parte que amo de ti” aludiendo al fogoso corazón de Óscar; y, finalmente, en el capítulo veintiocho el espectador sabe claramente que André la ha amado sin esperanza por veinte años[12].

 

No obstante, André dista mucho de ser un galán ideal. A pesar de su emotividad, su universo afectivo es reducido (Su entorno está conformado por Óscar, su abuela y luego, Alain); supedita su vida personal al servicio de su ama (no conforma familia ni sale del ámbito de los de Jarjayes) y vive en el limbo social (habita en una casa de nobles siendo plebeyo; simpatiza con la causa revolucionaria, pero no con los métodos de sus dirigentes)[13]. Bebe con frecuencia (en particular después de perder la vista de un ojo) y se deprime ante la posibilidad de que otro hombre pueda desposar a Óscar

 

Un aspecto que llama la atención del personaje de André es su carácter “doméstico”. No sólo me refiero a su condición de criado (y por ende, subordinado) sino a que la devoción, paciencia y entrega propias del personaje son atributos vinculados a lo femenino, mientras que Óscar representa todo lo contrario. Resulta significativo que las escenas claves entre ambos ocurran precisamente en la mansión de Jarjayes: el primer capítulo, el episodio veinte de las manzanas, el enfrentamiento con el general de Jarjayes y, naturalmente, el célebre capítulo veintiocho, al que me referiré en la sección final de este artículo.

 

CINCO

La pregunta que podría plantearse el espectador es porqué el personaje de André Grandier representa la madurez de Óscar. Para intentar responder esta pregunta quisiera detenerme en primer lugar en un análisis de las similitudes que se establecen entre André y el general de Jarjayes, para intentar a continuación una interpretación más compleja de la protagonista a través de su interacción con ambos.

 

He mencionado anteriormente la importancia central del general de Jarjayes en la vida de su hija. En mi opinión, la protagonista hace tácitamente una identificación entre su padre y André que a mí me parece muy reveladora. El espectador debe recordar que tanto Óscar como André pasan su infancia bajo la sombra férrea del general y que éste ha visto durante todos esos años el comportamiento represivo y brutal del padre de Óscar. Naturalmente se conduele de ello, pero también sabe cuán efectiva puede ser la agresión cuando se trata de obtener algo de Óscar. De hecho, tanto la persuasión verbal como la violencia física son componentes de la relación de ambos personajes.

 

En el primer episodio vemos a André provocar una pelea con Óscar a fin de que ésta tome una decisión sobre su futuro (vestir uniforme y asumir una función militar), la cual que da inicio a todo el conflicto de la historia. Nuevamente, en el cuarto capítulo el joven criado la incita a entrenar con la espada mientras ella decide si su madre debe ser dama de compañía de Madame Du Barry o de la princesa María Antonieta. Hacia el episodio veinte ambos entrenan vigorosamente con un florete tras la partida de Fersen de la mansión de Jarjayes[14]. En este episodio también se evidencia el otro aspecto de dominio que ejerce André sobre Óscar: la persuasión. Por un lado, él convence a una reticente Óscar de asistir al baile de la corte para evitar una situación comprometedora a la reina, al tiempo que la fuerza a confrontar sus sentimientos de incomodidad hacia la pareja. En el capítulo veintiocho se da el pleno ejercicio de la violencia cuando se produce el intento de estupro como expondré más adelante. Destaco finalmente la escena de la declaración pública de Óscar ante sus soldados en el cuartel cuando ella se pasa al bando revolucionario por su amado. Aquí no hay violencia, pero sí dominio persuasivo del varón.

 

¿En qué momento se produce este tránsito del padre al amante? La respuesta podría encontrarse en dos escenas de los capítulos treinta y cinco y treinta y siete. En la primera se produce el enfrentamiento decisivo entre el general y André. El padre de Óscar decide ajusticiarla por haber desobedecido órdenes de su superior y, por ende, haber deshonrado a la familia de Jarjayes. En el momento en que piensa asesinar a su hija, André irrumpe súbitamente en la escena y la salva. A continuación se produce un forcejeo seguido de un acalorado intercambio de palabras entre los dos; en medio del cual André no sólo le confiesa su amor por Óscar sino que deja en claro cuál es su posición frente a las diferencias de clase[15]. A esta escena le sucede otra más importante en el capítulo treinta y siete. Durante los agitados días que preceden a la toma de la Bastilla, Óscar y André reciben órdenes de incorporarse a su regimiento y se aprestan a partir. Mientras el joven ensilla los caballos, el general de Jarjayes entra en la caballeriza y entabla un diálogo con él. Éste es particularmente importante y quisiera por ello reproducirlo en parte:

GENERAL DE JARJAYES. (dirigiéndose a André) Si hubieras nacido noble, definitivamente te hubiera dejado casar con Óscar. Pero aún así, te doy mi bendición con todo mi corazón[16].

 

Lo que añade mayor relevancia a la escena es que Óscar los escucha a escondidas y con un gesto de sorpresa. Sin embargo, no es la primera vez que el general y André discuten el futuro de Óscar y ésta los oye: ello ocurre en el primer episodio cuando el general requiere de la “intervención” de André para que Óscar ingrese a la carrera militar. Es como si los dos hombres de su vida estuvieran transando su posesión y Óscar requiriera del consentimiento paterno para poder entregarse finalmente a André, lo que ocurre efectivamente pocas escenas después. Siguiendo la lógica de esta argumentación me parece muy significativo que Óscar tenga conocimiento de la opinión positiva del general de Jarjayes con respecto a André, puesto que ella, en medio de la relativa libertad que goza, depende mucho de la autoridad de su padre. Por ejemplo, no se sabe a ciencia cierta qué piensa el general de Jarjayes de los otros pretendientes de su hija. Él acepta eventualmente a Gerodere como yerno, pero no se lo impone a Óscar y le dice que de no estar satisfecha, podrían buscar otro prometido que sea de su agrado. Más curioso aún me parece el hecho de que no se sepa en ningún momento qué opinión le merece el conde Fersen, ni como amigo de su hija, ni como favorito de la reina. En conclusión, yo diría que el general le tiene suficiente confianza y aprecio a André, como para “entregarle” aunque sea extraoficialmente a su hija. No dejo de encontrar limitante la falta de libertad de la protagonista en el anime para tomar decisiones tan capitales en su vida, que a mi juicio evidencia la sujeción de su voluntad a estos dos modelos de masculinidad a lo largo de anime.

 

SEIS

Mencioné anteriormente el capítulo veintiocho porque quería dejar el tópico del erotismo para el final, ya que lo considero como uno de los aspectos más importantes en la evolución de la protagonista. Desde el inicio de la serie, Óscar François de Jarjayes se propone como un personaje en abierta contradicción: es una mujer que debe vivir, sentir y amar como un hombre sin serlo. Negada en su naturaleza femenina, Óscar está prácticamente condenada al celibato. Ello resulta más desconcertante debido al contexto en el que se desenvuelve, pues la corte francesa representada es un lugar donde las relaciones amorosas- en particular, las ilícitas- son especialmente exaltadas[17]. El rey Luis XV tiene por amante a una antigua prostituta, Madame Du Barry; el rey Luis XVI está incapacitado para consumar su matrimonio; la reina María Antonieta comete adulterio con Fersen; Madame de Polignac tiene una hija ilegítima, el cardenal de Rohan es abiertamente lascivo, etc. Óscar pasea su belleza ambigua por la corte, atrayendo tanto a hombres como mujeres, pero se mantiene por completo al margen de la promiscuidad de la corte. Su pasión por Fersen le otorga una visión más cercana (y dolorosa) del amor, pero en ningún momento, ella busca una relación más íntima con el conde. La inexpugnable castidad de Óscar la coloca en un pedestal por encima de las pasiones que conmueven a los demás personajes.

 

No obstante, esta situación cambiará por completo durante el intento de violación en el episodio veintiocho. Óscar decide, tras ser reconocida por Fersen, ponerle fin a su enamoramiento. Buscando enfatizar su imagen masculina, abandona la comodidad de la Guardia Real y solicita su traslado a un puesto menos halagüeño. También por esta razón, decide prescindir de los servicios de André, quien a su vez empieza a perder la visión de su único ojo sano. Esta decisión da pie a una de las escenas más tensas y complejas del anime. En un último intento por hacerla recapacitar, él pronuncia una frase definitiva: “una rosa es una rosa”; en alusión a su irrevocable condición femenina. Óscar se siente cuestionada en sus principios y lo abofetea de manera provocadora. La respuesta de André no se hace esperar: sorpresivamente la besa y acto seguido intenta forzarla. Sin embargo, se arrepiente y abandona la escena tras declararle su amor.

 

Yo considero a esta escena capital en el desarrollo de la historia, porque Óscar descubre de manera intempestiva la naturaleza del amor erótico. Por primera vez, el espectador sabe que Óscar no sólo es amada, sino deseada de manera explícita. El pedestal sobre el que se elevaba la protagonista y que la alejaba de las pasiones comunes a los otros se resquebraja y da paso a una Óscar mucho más frágil y humana, como se verá en los siguientes episodios. También permite un cambio de enfoque hacia André, quien abandona su paciencia y sumisión habitual y demuestra que puede ser agresivo y hasta cruel cuando lo desea. No deja de ser perturbador para el espectador ver de pronto a este personaje de maneras suaves y expresión resignada tornarse súbitamente en una criatura tan implacable[18].

 

Por otro lado, la escena de la camisa también posee cierta sensualidad que podría interpretarse como una promesa de goce erótico. Aunque ejerciendo la violencia, André le demuestra a Óscar que la desea intensamente, lo suficiente como para no reparar en las barreras psicológicas y sociales que los separan. Sin embargo, el suyo es un amor que exige más que la admiración romántica (sin sexo de por medio) de Óscar hacia Fersen, propia de la naturaleza escindida de la protagonista. En los minutos finales del asalto, André, se abstiene de tocar a Óscar tras verla sollozar, hecho que en mi opinión define su hombría. La verdadera naturaleza emocional del personaje emerge y la escena concluye con un gesto conmovedor: André la arropa con ternura para luego declararle su amor. En esta escena queda manifiesto que como pareja, André demandaría una entrega física y emocional por parte de Óscar, que ella no está aún en condiciones de proporcionarle. Esto la fuerza a confrontarse consigo misma de una manera diferente a la que había hecho hasta ese momento y, por ende, a evolucionar. En conclusión, el episodio veintiocho marca el inicio de la redefinición de la identidad de la protagonista y su relación con el hombre que más la ama; al tiempo que centra la atención del espectador en él y lo eleva a la categoría de galán de la serie. André representa la madurez de Óscar, justamente porque sintetiza las características principales de los modelos masculinos que se han sucedido en la serie.

 

SIETE

A lo largo de este ensayo he intentado analizar la compleja evolución del personaje de Óscar François de Jarjayes a través de la relación que ella establece con tres diferentes modelos de masculinidad en la historia. La protagonista, como mencioné al inicio del artículo, realiza un proceso de aprendizaje a lo largo de cuarenta capítulos, por el cual su identidad es configurada, confrontada y redefinida a través de la imposición paterna, el modelo caballeresco y la autoaceptación representados por el general de Jarjayes, el conde Fersen y André Grandier.

 

La presencia de cada uno de estos hombres en la vida de Óscar representa un momento determinado en la afectividad de la protagonista. El relato enfatiza alternativamente la influencia de cada uno en su vida; pero, desde mi punto de vista, es la progresiva asimilación que hace ella de los atributos de cada uno de los modelos de masculinidad, lo que determina su construcción final como personaje.

 

La historia de Óscar François de Jarjayes es una auténtica educación sentimental que se adapta al esquema clásico de la Bildungsroman. La protagonista inicia un proceso formativo, supera los retos que éste le impone y asume finalmente su identidad a través de la aceptación de sus cualidades femeninas -tan largamente negadas- sin renunciar a la fortaleza de carácter adquirida por su formación masculina. La evolución de Óscar como individuo ha sido posible gracias a la influencia de los mencionados modelos masculinos en su interacción con ella.

 

Lady Óscar es una historia que aún hoy sorprende por su elaborada factura y rica galería de personajes, entre los cuales destaca la protagonista, Óscar François de Jarjayes. Compleja, por momentos contradictoria, pero sobre todo, humana, Óscar rápidamente captura la imaginación del espectador gracias a la combinación de sensibilidad y fortaleza, que la ha convertido en uno de los personajes predilectos de la animación japonesa.

 

Viernes, 05 de mayo de 2006

 

rleceta@yahoo.com

 

 

pubblicazione sul sito Little Corner del maggio 2006

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OBRA CITADA

Buckley, Jerome Hamilton. Season of Youth: The Bildungsroman from Dickens to Golding. Cambridge: Harvard UP, 1974.

 

[1] Para este trabajo estoy empleando la versión remasterizada de Bandai Visual 2005, cuya traducción y subtítulos son propiedad de Ichiban Bansub. Todas las escenas y diálogos analizados corresponden a esta edición. 

[2] Aunque el anime se titula La Rosa de Versalles siguiendo al manga original, he preferido denominarlo Lady Óscar por ser el título más difundido entre los espectadores de los diversos países donde éste ha sido emitido.

[3] Las traducciones del alemán son mías.

[4] Las traducciones del inglés son mías.

[5] En el primer episodio El rey Luis XV le dice al general de Jarjayes que sabe que jamás fue bendecido con un hijo y que trató a su niña “con mano dura”. 

[6] No deja de ser extraña la reacción del general en esta escena, pues primero, mientras contempla el retrato de su hija, dice: “Vive tu vida como quieras” mientras brinda por ella. Pero luego, tras recibir su breve nota e intuir que es una despedida, afirma en un arranque de furia: “No te lo perdonaré jamás”. 

[7] “Tormenta e ímpetu”. Alusión al movimiento artístico alemán surgido a finales del siglo XVIII y las actitudes de desafección hacia los convencionalismos que provocó entre los jóvenes de la época.

 

[8] En todo el anime hay muchísimas alusiones a la belleza de Óscar, la cual es reconocida tanto por damas como por caballeros. Gerodere le dice “que había escuchado de su belleza incomparable” (cap. 1); Fersen alude a su “delicada figura” (cap.8) y André afirma sobre el trabajo del maestro Armand que: “nunca olvidaré esta pintura que representa tu belleza”. (cap. 37). Por otro lado, las damas de la corte siempre se muestran sorprendidas por su beldad y la encuentran muy atractiva, aun sabiendo que es mujer.

 

[9] El origen de esta idea surgió a partir de un comentario de Shophy Zegarra vertido el 21 de noviembre de 2005 en el mailing list de El Palacio Berubara

[10] Una caracterización más detallada de las múltiples funciones que cumple el personaje de André Grandier me fue sugerida por Laura Luzi en la correspondencia sostenida entre ambas durante los meses de febrero y marzo de 2006. 

[11] No creo que este detalle sea casual en el diseño del personaje. El cabello oscuro suele asociarse a una mayor virilidad que el rubio y éste es el atributo que define al personaje de André, pues él es el hombre viril por excelencia en la historia. Su tipo moreno contrasta con la belleza gélida de Fersen; así como con el refinado acicalamiento de Gerodere. 

[12] Por su parte, a Óscar a lo largo de todo el anime también la une un profundo afecto hacia André, aun cuando éste inicialmente no sea el amor. En el capítulo veintinueve, tras la declaración de André, Óscar se marcha a Normandía, para evitarle un mayor sufrimiento a su amigo. Laura Luzi me acotó, que de acuerdo a la concepción japonesa de la autora y los creadores del anime, cuando un hombre se le declara a una mujer, ésta establece un vínculo con él. Finalmente, en el capítulo treinta, se hará patente el cambio de actitud de Óscar hacia André que interpreto como el inicio de otra etapa en su relación, tras el shock del intento de violación. 

[13] En mi opinión, el personaje de André Grandier -pese a la participación en reuniones que discuten la situación del Tercer Estado y su interés en la Nueva Era- no logra una identificación plena con la radicalidad de la revolución en ciernes. Una explicación para este comportamiento podría hallarse en la sensibilidad propia del personaje; en su crianza privilegiada; así como en su lealtad hacia Óscar, que lo alejan de la violencia revolucionaria. Ello se hará más evidente en los episodios de la Guardia Nacional Francesa pues a los ojos de sus compañeros él es distinto. Alain, por ejemplo, le dice que “huele a noble”; igualmente, durante la pelea en el sótano de las barracas, uno de los soldados afirma que él es el “perro faldero” de la aristocrática Óscar e incluso tras su muerte un compañero recuerda que André jamás jugó a las cartas con el grupo pues “era diferente”. Además, encuentro significativo que en el episodio treinta y tres, cuando es invitado por Bernard para participar activamente en el movimiento revolucionario, André guarde silencio, eludiendo tácitamente el requerimiento del periodista. 

[14] Este episodio es particularmente revelador de los sentimientos de los cuatro personajes involucrados. Durante el entrenamiento con florete, André en dos monólogos subsecuentes se dirige a Óscar y afirma que “él está acostumbrado a lo difícil” y a continuación durante el fragor del combate le pide a la protagonista “que se olvide de Fersen”. 

[15] Pocas veces he visto estudiada esta escena del episodio treinta y cinco, a pesar de ser fundamental en el desarrollo de la trama. No sólo es la primera vez que vemos que alguien se atreve a contrariar al temible general Jarjayes (Óscar con ser su hija, jamás se hubiera atrevido, pese a que se jugaba la vida. Mientras su padre descargaba el golpe de espada contra ella, Óscar permanecía sentada en la silla en una actitud más bien resignada) sino que André define claramente su posición frente a un tema crucial como es la diferencia de clase. Ser “noble” para él no significa nada y desconoce a cualquier autoridad superior (en este caso, la del rey) en materia de decisiones personales como desposar a alguien que se ama. En esta escena padre y amante literalmente se disputan a Óscar con sus mejores argumentos.  

[16] Las palabras que le dirige el general de Jarjayes a André no dejan de parecerme peculiares, sobretodo viniendo de un personaje con preceptos morales tan rígidos. ¿Asume acaso que ya ambos sostienen una relación amorosa o inclusive que son amantes? De ser así cabría especular bajo qué términos aceptaría él la continuación de una relación semejante. 

[17] Este aspecto de la naturaleza asexuada de Óscar en un primer momento ya ha sido expuesto en el artículo titulado André, el limón amargo de Shophy Zegarra en la página web Rosas Blancas. 

[18] Una pregunta que se hace el espectador es porqué Óscar no logra reaccionar cuando André la ataca, puesto que a lo largo del anime su caballerizo no demuestra ser tan aguerrido como ella. Se podrían especular varias razones: el súbito reconocimiento de su sexualidad, la impotencia frente a un oponente más fuerte; así como el estupor frente ala agresión por parte de su confidente.